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7 abr. 2007

mostrando mi fragilidad


Nunca he querido destacar, no me gusta. No me gusta que me señalen con el dedo y que hablen de mi. Me gusta ser invisible y transparente, me gusta caminar y esconderme en mi sombra. La poca y suficiente gente que ha sabido de mi existencia siempre me han acusado de rara, de distinta. Siempre pense que los raros eran ellos,pero con el tiempo, me tome esa palabra como el mayor de los piropos, asi que, una mitad de mi familia andaban siempre piropeandome. Familia que queda atrás al fin y al cabo, familia solo de palabra... no de corazon.
Siempre me ha gustado ayudar, escuchar a la gente que realmente me importa, apoyar a esa gente, y si hay algun problema, buscar una solucion juntos. Pero siempre, sea como sea, termino liandola, apartando de mi lado a quienes mas me importan. Me pregunto una y otra vez que porque, aunque supongo que es el papel que me ha tocado en esta vida. Aunque he aprendido que la mayor lucha contra estos casos, es la sonrisa. Sonrisa que pocas veces acude a mi…pero en fin.
Y vuelvo a mi refugio, a mi burbujita, donde nadie puede herirme ni rozarme, ni sentir el calor de un abrazo…no deberia salir nunca de mi burbuja, cerrar hoy la puerta y no volver a abrirla en lo que me queda de vida, que espero que no sea mucho, porque para lo que hay que vivir, solo quiero un dia..UN DIA solo, para ser feliz, conocer por un dia que es ser feliz (que dura es esa palabra..) pero parece que, para no destacar, la vida tambien me odia, y no me concede esa oportunidad, ni siquiera me deja con la miel en los labios, no me ha dejado probar el dulce nectar de la felicidad ni un minuto. Y aqui esta mi frágil corazon, aguantando golpe a golpe cada embestida que me mete la vida a diario…con cada falsa ilusion, con cada desamor, con cada paso en falso que doy, con cada pensamiento..ahi..recordando que estoy en esta vida para sufrir. Mi corazon late a mil por hora, esperando cada nuevo golpe…cuando aun no he asumido el anterior. Y quiero aparentar que esos golpes no hacen mella en mi, quiero aparentar q soy fuerte… solo una puta persona d este mundo sabe como soy realmente, bueno 2, pero una, por desgracia esta muerta, asi que una. Ahora, con lagrimas en los ojos y los dientes apretados, mi cabeza parece reventar, un sonido metalico llega hasta mi nuca, y mis puños, ensangrentados de apretar, solo odian, desean liberarse, y que la sangre que los rodee no sea la mia. Esa puta violencia llena mis venas, y esa agonia que ahoga mi corazon…todo un mundo de confusion…odio mi vida tanto como la gente que me redea me odia a mi..y no es para menos..

2 abr. 2007

Cobardia


Toda mi vida he sido cobarde. El silencio es mi mentira más grande. No concibo ya mi vida sin silencio… Mirarme hacia dentro, meterme dentro de mí me da miedo. No quiero ver la verdad escondida. No quiero volver a ver el dolor agazapado. Por fuera estoy vacía. Todo queda dentro. Dentro de un alma que siempre espera ya sin esperanza. Se la comió el miedo. La devoró. Todo será siempre de otros, para otros. Para mí sólo quedo yo, siempre he estado yo. Ahora siento (¡cómo duele esta palabra!) que también eso lo están devorando. Por dentro, se lo comen por dentro. Sólo dejan la piel, dura y seca. Y el silencio, la mentira, vuelve a llenarlo todo. Cada rincón de la habitación del cuerpo se llena de silencio. Duele…A veces, el silencio ha querido gritar. Hace tiempo, el silencio habló y contestó el dolor. Desde entonces, decidieron tomar caminos separados, no volver a mirarse, no volver a escucharse, no volver a sentirse… A partir de ese momento, las palabras, las voces, quedaron dentro, encerradas con llave, dormidas. Para que se desvanecieran poco a poco, sin sentirlo, sin echarlas de menos. Pero a veces, algunas palabras no duermen, tampoco desaparecen. Y el dolor de su encierro provoca al llanto, que escapa de ellas, se aleja y sale fuera. Siempre en soledad, siempre en la oscuridad, donde nadie pueda descubrirlas y sentir pena por ellas. Cuando nadie pueda secarlas, cuando todos duerman, con sus propias palabras también dormidas. Al rato, el frío también las devora a ellas. Y vuelven, a esconderse con las palabras, a ese lugar a salvo de otros menos de sí mismo. Los gritos se quedan dentro, sin aire que los propague, sin oídos cercanos, sin cuerpos donde pueda rebotar su sonido. Sólo el propio, las esquinas sucias del propio cuerpo que los engendra. Su sonido interno se torna ensordecedor de vez en cuando. Como ahora, que no cesa, que no se calma, que no calla… Y después de tantos años quisiera ahora abrir la puerta, dejar que escapen todos, formando alboroto, las palabras, el dolor, los gritos, el llanto, el silencio… Pero el miedo sigue vigilando. Nunca seré libre mientras él siga cerca de mí. Liberarme de mí misma, de mis propias cadenas, de mi propio encierro. Olvidé las palabras que debían darme la libertad, olvidé cómo pronunciarlas, pero las sigo sintiendo. Quisiera ahora poder sacarlas fuera pero, después de todo, sólo vuelve a salir llanto.