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27 dic. 2015

Día de mierda

La pequeña María se sentía agotada. Llevaba unos meses muy duros psicológicamente, demasiadas responsabilidades a asumir y a pesar de sus esfuerzos, no veía la luz por ningún lado.
Sin embargo, los meses fueron pasando y la pequeña María llevaba su vida, poco a poco, pasito a pasito, e intentaba no hundirse, y siempre solía tener una sonrisa para cada persona que se la merecía, y una mano para tenderla cuando alguien la necesitara.
Pero diciembre le hacía sentirse muy pequeña, sin fuerzas, y su salud tampoco podía decirse que era la mejor en aquellos momentos.  Aquel mes empezaba a superarla, sentía que no servía para nada, intentaba animar y ayudar, y el boquete se hacía cada vez mas profundo, por lo que se sentía culpable de cualquier mínima cosa que sucediera a su alrededor.
Cada vez más pequeña, María no era muchas veces capaz de ver con claridad, aunque, por ponerle algo bueno a su vida, se había topado no hacia mucho con sus mosqueteros, aquellos que en el fondo, sentían como se si conociesen desde hacía mucho, y por fin, habían tropezados todos con la misma piedra. Y esos dos pilares de su vida, le ayudaban a ver con más facilidad.
Esa mañana ya intuía algo la pequeña, su cuerpo le decía que era mejor no levantarse de la cama en todo el día, y eso es lo que tenía que haber hecho.
Pero ella siempre iba a su rollo, rebelde le decían, cuando ella solo repetía "a mi me dejáis". Sólo quería vivir tranquila y no que la metieran en temas ajenos (igual pedía demasiado).
Desafiando a su intuición, le levantó de la cama, y dijo, bah, chorradas, hoy va a ser un bonito día.
No se podía ser mas bocachanclas.
Cuando anocheció, María empezó a revivir aquellas sensaciones; el pulso acelerado, el sudor frío
, el escuchar las voces cada vez más lejanas... y su cerebro se tuvo que reiniciar.
Ella lo intentaba, pero su cuerpo no le respondía, logró abrir 3 veces los ojos, pero no aguantaba más de 3 segundos sin que su cuerpo le diese al botón de "off".
Cuando su cerebro concluyó que el reinicio había causado efecto, empezó a escuchar voces que se acercaban, y sus ojos se iban abriendo. A su alrededor, varias personas la miraban con lagrimas en los ojos, y caras de sustos por donde mirase.
En ese momento, la sensación de culpabilidad aún se hizo mayor en el pequeño cuerpo de aquella niña.
Pero no podía negarlo, su cuerpo y su mente le advertían que parase, que no podía afrontar aquello sin ayuda, por mucho que lo intentase.
Ella, solo pensaba que mañana sería otro día, otro día DDMM. Pero también sabía que sin rebote no hay jugada.

21 dic. 2015

Egoistamente

ıɯ ɐɹɐd olos oɹǝınb ǝʇ

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13 dic. 2015

Flores

Se había quedado observando cada uno de los detalles de las flores que adornaban su entorno.
Y una a una, las lágrimas fueron estrellándose en el cemento.
De pronto escuchó como una voz lejana la llamaba, ¡ María, María!, pero su mente estaba a años luz de aquel frío lugar.

Su mente estaba recordando sus manos tocando la guitarra, encerrados en su habitación, cantando por extremoduro y heroes del silencio. Recordando como, sus visitas le alegraban el día. O lo grande que se sentía cuando el la cogía y la sentaba en sus hombros... Era una gigante feliz.
Y como le inyectó ese veneno de la música, como eclosionaban en su cerebro todas las semillas que el habia dejado, y su guitarra, su voz cantando "me estoy quitando...", su tatuaje de heroes en el brazo..
Como le sonrio cuando ella, aún más pequeña, le preguntó que si irian juntos a un concierto de heroes del silencio, y él, con sus 16 recien cumplidos, le dijo "Claro pequeña, tu y yo siempre estaremos juntos, Eres mi pequeña y nunca dejaré que te pase nada, iremos juntos a ver a Heroes del silencio".

En ese momento las lágrimas brotaban de su cara como si de una fuente se tratase;  fue todo tan rápido, tan inesperado.
Sus ultimas palabras fueron "descuida chiqui, estaré bien, te quiero peque" y un beso en la frente y un guiño en los ojos.
Al dia siguiente ya se nubló todo... Su madre recogiendola a deshora en el colegio, nervios, lágrimas, miedo. Mucho miedo. Y locura.
Y de pronto él ya no estaba con ella. Su voz, se apagó para siempre, escapando su alma por la ventana, la puerta dió un portazo que nos avisó finalmente que nos habia dejado. Para siempre (No te parece mucho tiempo?).

María despejó la vista e intentó que las lágrimas cesaran, pero le resultaba imposible. En el cementerio no podia entrar sin llorar, y ver su tumba, tan cerca de la de sus abuelos, le dolía. Tanto que la herida parecía que se iba a volver a abrir.


Y así, diciembre, se convirtió en el mes mas gris, más triste y mas horrible de todo el calendario.




Han pasado justo 21 años, 3 días atras que nos dejaste. Y aunque has cumplido tu promesa de estar siempre conmigo (porque así lo siento, igual que sentí tu mano apretando la mia en el concierto de heroes), te echo de menos.
Te sigo echando de menos. Muchísimo. Aquello fue lo más injusto que me ha hecho la vida, y que aún no ha terminado de cicatrizar.
Tu musica sigue en mi, por eso te siento tan cerca.
Y si, sé que nunca lo leeras, pero las flores de tu tumba casi tapan tu nombre. Y queria chillarlo sordamente.
R.B.T. 10/12/1994. Siempre estarás junto a mi. Dale un beso a los abuelos de mi parte.

En tiempos de desdicha y sufrimiento, te abrazaré, te acunaré y haré de tu dolor el mío. Cuando tú lloras, yo lloro, cuando tú sufres, yo sufro. Juntos intentaremos contener el torrente de lágrimas y desesperación, y superar los misteriosos baches de la vida

7 dic. 2015

Galletas

Un dia, la pequeña María se levantó feliz, hacía un sol radiante. Y paseando por el parque, se tropezó y acabó en el suelo. Un niño, con la mirada triste pero preciosa, la ayudó a levantarse del suelo. María,  agradecida por el gesto, ella le ofreció una amplía sonrisa y le ofreció chucherias q llevaba en su mochila.
-Ten, me has ayudado.-
-No me gustan los dulces.-
Éso llamó la atención de la pequeña,  q no estaba acostumbrada a q alguien le dijera q no a sus chuches.
-¿Y las galletas, te gustan?-
Y sacó de su mochila un paquete de galletas. El chico sonrió ante ese gesto y cogió una galleta, María se sentó a su lado a comerse otra y le preguntó: -¿estás bien? Pareces triste.-
-No, estoy bien.- pero lo dijo con tan poca convicción,  q a María no le sonó sincero.
-Puedes contarmelo, me has ayudado a levantarme, y eres el primero que come una galleta conmigo, no me gustan las chuches.- Le dijo timidamente la pequeña, soltándole un suspiro.
-Si no te gustan las chuches, ¿por qué estas siempre con una bolsa en la mano y ofreces a todo el mundo?-
-Para poder distinguir a las personas especiales, como tú.  Puede que le haya ofrecido chuches a mucha gente, pero la gente común siempre acepta las chuches. Sin embargo tú,  has sido sincero y me has dicho que no te gustan, sin que mi sonrisa te haya acobardabo para coger las chuches. Por eso creo que eres especial -.

3 dic. 2015

Pequeñita

María ese día se sentía más pequeña de lo habitual. La última semana había revolucionado su mundo en todas las maneras posibles, por ello se sentía feliz. Y notaba, como poco a poco,  esa sonrisa tonta se iba apoderando de su cara. Al principio sus sonrisas eran raras, no habituadas a estar allí durante tanto tiempo. Pero se fueron anidando allí cómodamente, y cada vez empezaban a ser más grandes.
No recordaba esa sensación. Las charlas nocturnas, el ponerse colorada cuando alguien lo mentaba, ese extraño cosquilleo que le recorría la médula....
Aquello le hacía sentirse como Alicia despues de beberse su pócima. O como Dothory atravesando el camino de baldosas amarillas hacia ciudad esmeralda.
Era una sensación literaria podría decirse.
En su pequeña mente, retumbaban las palabras de una gran persona : Las ilusiones también son las que nos impulsan a seguir adelante.
Aquello le volvió a hacer sonreír, tenía tanta razón...
Y entre aquellas discordancias mentales, María se rindió y se quedó profundamente dormida mientras seguía soñando.