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9 nov. 2017

Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre: Autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es: Autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama: Madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es: Respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama: Amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es: Simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la: Humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama: Plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es: ¡Saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin


1 nov. 2017

estoy aqui

Una copa de vino, un paquete de pipas y Bridget Jones. Ese era mi plan del día festivo.
He de decir que por la mañana puse dos lavadoras y me fui a nadar una hora (y porque casi me echan de la piscina).
Cuando cambió mi vida tan drasticamente?
Aun recuerdo la ultima vez que paseaba por la playa casi de noche, recordando mis momentos, quizas con un poco de resaca de la noche anterior, y sabiendo que mi pequeño Krusty me aguardaba en casa.
Casa.... esa palabra se me antoja tan lejana....
Ahora...ahora vivo en un sitio, pero no lo considero casa. Creo que ninguna persona con dos dedos de frente llamaria a esto casa. O vida.
Es todo un poco mierda.
Pero sobrevivo. al fin y al cabo, es de lo que se trata, no?
De sobrevivir en este mundo frio y calculador. Donde si te sales de la norma, eres casi un marginado social. Donde te obligan a evolucionar hasta casi no reconocerte. Y
en ese punto me encuentro yo.

17 oct. 2017

Bambi

"-Bambi es alegre, no?-
-Hombre...yo como película alegre no la etiquetaría...-Muere la madre, vaya...-"
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12 oct. 2017

Salga el sol por Antequera


A aquel tiempo de luchas y fronteras se remonta la leyenda de la Peña de los Enamorados que recuerda el desatado amor entre una princesa árabe y un caballero cristiano. Las crónicas recuerdan que pocos años antes de la conquista de la ciudad un soldado del rey Fernando cayó preso en un pueblo próximo a la Antequera árabe. Hecho prisionero en las mazmorras de la alcazaba, una mañana recibió la visita de la hija del rey moro, una joven de belleza paralizadora conocida con el nombre de Tazgona que tras cruzar su mirada con el joven Tello cayó rendida por amor.
Desde ese día la princesa buscó toda suerte de excusas para bajar a diario a las mazmorras donde en compañía de su soldado urdieron juntos el modo de escapar no sólo de esa lúgubre cárcel sino de la ciudad. Tazgona y Tello eran conscientes de que pertenecían a reinos y culturas distintas, y que ni árabes ni cristianos verían jamás con buenos ojos su unión. Provistos con el amor como única arma, los jóvenes escaparon una mañana, pero pocos minutos después de la huida, al rey árabe llegó la noticia de la fuga.
El padre de la princesa Tazgona encabezó un batallón que trató de dar caza y muerte al soldado cristiano. La mala suerte quiso que ese mismo día las tropas cristianas asediaran Antequera, por lo que los dos amantes, acorralados e indefensos, decidieron subir hasta la cima de una afilada peña visible desde todos los caminos que conducen a la ciudad malagueña. En ella prefirieron arrojarse al vacío y despeñar sus cuerpos antes que separarse. Cogidos de las manos y ensangrentados, el rey árabe y el rey cristiano contemplaron a los amantes y angustiados decidieron declinar cualquier lucha para hacerse con el gobierno de la ciudad.

11 oct. 2017

Curiosidad

Es curioso como, movidas por el viento, unas láminas de cristal de una lámpara de techo, pueden sonar como el mar
Olha que coisa mais linda
mais cheia de graca 
é ela menina 
que vem e que passa
num doce balanco caminho do mar...

Una canción brasileña sonaba de fondo mientras ella se dedicaba a soñar. 
Después de tanto tiempo, esa fuerte sensación volvía a invadirla, y cada día lo veía mas claro.

De pronto se encontró bailando por la noche en la playa, mientras él la miraba sonriendo, pensando que estaba loca, pero le encantaba aquello.  Ella, de forma risueña, bailó hacia él y lo animó a bailar.
-Pero si yo no sé bailar...-
-No nos ve nadie, solo la luna...y si quieres, yo cierro los ojos-
El sonrió y la miró. Comenzaron a moverse bajo la tímida música que se escuchaba, y ella, haciéndose hueco entre su hombro y su cuello, se acomodó, y cerró los ojos, como le había dicho. 
-No entiendo de bailes, pero aún con los ojos cerrados, me haces sentir en el cielo-
El se paró en seco. María levantó la cabeza y se encontró la sonrisa más bonita del mundo.
-Sabes que te quiero, ¿verdad?-
-Ya sabes que tengo mala memoria, repítemelo- le dijo mientras reía.
-Te quiero, boba-
-Te quiero, grandullón- 

Ah! se ela soubesse que quando ela passa
o mundo sorrindo se enche de graca
e fica mais lindo por causa do amor.


Carrusel

El carrusel no deja de girar. Nadie tiene una memoria perfecta o completa. Mezclamos las cosas, perdemos la noción del tiempo, estamos en un sitio, luego en otro. Y todo parece un momento largo e inexorable. Entonces, ¿qué significa? ¿Qué estaremos olvidando? ¿Qué trozos nos perseguirán? ¿Nos harán daño? ¿Terminarán con nosotros? ¿Nos inspirarán? Como decía mi madre: El carrusel no deja de girar. No puedes bajarte

5 oct. 2017

ser español

No cariño, tú no eres español. Ser español no es llevar la bandera, ni gritar como un berraco frases de odio que espero que no sientas. Tampoco lo es ponerse una pulserita en la muñeca, ni cantar el cara al sol. El concepto de ser español es algo totalmente distinto, o al menos lo debería ser, porque a estas alturas de la historia yo ya no sé qué decirte.
Como española que soy, te voy a contar lo que para mí es ser español:
Ser español es arder cuando arde Doñana o temblar cuando tembló Lorca; es sentarte a escuchar historias de meigas en Galicia y llegar a creértelas,  y es presumir de que las Canarias nada tienen que envidiarle al Caribe.
Sentirse español es sufrir por no haber podido vivir la movida madrileña, enamorarte del mar al oír Mediterráneo de Serrat, es pedirle borracha a tu amiga catalana que te enseñe a bailar sardanas, querer ir a Cádiz a ver los carnavales y sorprenderte al ver lo bonita que es Ceuta. 
Para mí ser español es presumir de que en Andalucía tenemos playa, nieve y desierto;, pedirle a un asturiano que me enseñe a escanciar la sidra y morirme de amor viendo las playas del País Vasco en Juego de Tronos. 
También es española la cervecita de las 13.00, el orujo gallego, la siesta, el calimotxo, la paella, la tarta de Santiago, las croquetas de tu abuela y la tortilla de patatas. Lo son las ganas de mostrarle lo mejor de tu ciudad al que viene de fuera y que tú le preguntes por la suya; es hacerte amiga de un vasco y pedirle que te enseñe los números en euskera, por si pronto vuelves a por 2 ó 3 pintxos; es enorgullecerte de ser el país ejemplo a nivel mundial en trasplantes, de formar parte de la tierra de las mil culturas y de ser los del buen humor. 
No hay nada más español que se te pongan los vellos de punta con una saeta o con una copla bien cantá, atardecer en las playas de Cádiz, descubrir casi sin querer calas paradisiacas en Mallorca, hacer el camino de Santiago en septiembre maldiciendo el frío o que Salamanca y Segovia te enseñen que no hay que ser grande para ser preciosa.
Así que, acho, picha, miarma, perla, tronco, tete, mi niño… eso es ser español, lo otro es política. Pero si de política quieres impregnar este concepto, también te vuelvo a decir que te equivocas: porque ser español no es desear que le partan la cara a nadie, es sufrir la situación de paro de tu vecino o el desahucio que has visto en la tele; ser español no es oprimir el SÍ o el NO de toda una comunidad autónoma, es indignarte cuando nos llaman gilipollas con cada nuevo caso de corrupción; ser un buen español es querer que en tu país no haya pobreza, ni incultura, ni enfermos atendidos en pasillos del hospital y, joder, querer quedarte aquí para trabajar y aportar todo lo que, durante tanto tiempo, precisamente aquí has aprendido.
Eso es ser español, o al menos, eso espero.


Laura Moreno

¿Por qué no puedo decir que a veces soy infeliz?

Quiero que pienses por un momento cuándo fue la última vez que mentiste al responder "Bien" cuando te preguntaron "¿Qué tal?". O cuándo sonreíste amablemente y diste los buenos días aunque en realidad llevases una semana en la que se te iban solapando los días malos.
Es normal. Es por el bien común. No vas a ponerte a llorar en el transporte público por el simple hecho de que es lunes y estás harto de todo. No vas a llegar y le vas a decir al portero del edificio donde trabajas que menudo día de mierda te espera. Ni tampoco vas a entrar por la oficina canturreando "a los malos diiiiiias". No quieres que tus compañeros te eviten a la hora del café ni que tu jefe te mande a hablar con Recursos Humanos.
La sociedad en la que vivimos es un poco hipócrita: una sociedad construida sobre un buen puñado de normas decorosas para la convivencia, de conversaciones de ascensor y de sonrisas amables. De "buenos días" aunque sean las 8 de la mañana de un jueves de enero en el que caen chuzos de punta. Un mundo creado para permitirnos convivir los unos con los otros, para tolerarnos y para no causarnos demasiada molestia. Un mundo en el que no sabemos reaccionar cuando alguien nos da malas noticias. Donde preferimos dar un pésame por Whatsapp porque nos da corte darlo a la cara. Un lugar en el que siempre que te preguntan "qué tal", aunque estés viviendo un tormento interior, siempre responderás que "muy bien, gracias, qué tal tú".
No nos permitimos levantar la voz, chillar o llorar en público porque qué bochorno. De cara a la galería casi no nos permitimos siquiera tener un mal día. No nos permitimos rompernos y desmoronarnos a no ser que sea en confianza, en compañía de alguien a quien conoces mientras sostienes una copa de vino y dices con un nudo en la garganta que no puedes más. Que no puedes más con tu mierda de trabajo, con el imbécil de tu jefe o con el capullo de tu novio. Que no puedes aguantar ni un minuto más en esa relación o que no soportas estar otros seis meses solo. Que no puedes más con las goteras en tu piso. Con la subida del alquiler. Con los atascos. Con el bebé llorón de los vecinos. Con la hora de vida que pierdes todos los días para ir a trabajar. Con la polución. Con la gentrificación. Con la situación de Catalunya. Con Rajoy. Con Trump. Con el calentamiento global y con los pobres osos polares que se están muriendo en el Polo Norte. Que no puedes más en general. O, mejor dicho, en particular: tú en particular no puedes más con ese pesar que llevas dentro.
Como digo, es por el bien común. Tener ciertas normas sociales es importante para que podamos soportarnos los unos a los otros, para no convertir el tiempo que tenemos sobre la tierra en un maldito infierno. Pero al mismo tiempo nuestra convivencia en sociedad nos ha enseñado que las emociones negativas no son bien vistas, que no está bien airear tus problemas y que es casi un fracaso absoluto mostrar tus vulnerabilidades.
Si has visto 'Inside Out' (Pixar, 2015) sabrás de lo que te hablo. Desde que la vi por primera vez pensé en cómo esta película para críos es un regalo para todos esos adultos que tienen algunos problemitas para lidiar con sus emociones. Es decir, para cualquier adulto. Ese regalo es esa píldora de sabiduría de que hay que concederle a la tristeza su espacio, exactamente igual que se lo concedes al resto de tus emociones.
Yo soy infinitamente más feliz desde que me permito tener mis días tristes. Antes, cuando me sentía triste entraba en una fase de negación de mis problemas y ocupaba la mente en otras cosas. Leía, veía series, cocinaba o quedaba con amigos. Con el tiempo, 'Inside Out' y algo de terapia, me di cuenta de que aquella estrategia era como esconder el polvo debajo de la alfombra: en el fondo no estás limpiando nada y, aunque no la veas, la mierda sigue bajo tus pies.
No recuerdo exactamente qué día decidí levantar aquellas alfombras y dejarme arrastrar por la tristeza como si fuera un torturadísimo personaje ideado por una de las Brontë. Me puse el uniforme de estar triste (un pijama), tomé mis alimentos de estar triste (comida basura) e hice mis cosas de persona triste (como pegarme seis horas delante del televisor hasta que Netflix se preocupó por mi estado de salud, tirarme tres horas mirando el techo mientras analizaba todos y cada uno de los errores que he cometido en mi vida desde que cumplí los 12 años y, por supuesto, llorar hasta quedarme dormida). Y oye, qué bien, al día siguiente estaba como nueva. Fue liberador.
Desde entonces abrazo mis días de pena. Hablo de penas pasajeras. Tristezas naturales. Tristezas que deberían estar completamente normalizadas pero que sin embargo no lo están. De esos días en los que no te soportas ni tú. No tienen que venir de ningún disgusto, ni de ningún drama en particular. O quizás sí. Hablo de pararte y pensar, de echar de menos, de arrepentirte o de no sentirte en plenitud. Hablo de aceptar que todo eso es tan normal como levantarte un día de un humor fantástico.
Las emociones no son estatuas. Y desde que acepté esto me siento mucho mejor. Ni más vulnerable ni más fuerte que antes. Nadie puede estar siempre feliz ni siempre puede estar triste, lo cual es un consuelo. Y es que si no tuviésemos esos días nublados, no apreciaríamos lo bonito que es el cielo azul.

-Beatriz S.-

14 sept. 2017

Andres

Andres estaba algo distante aquellos días, como ya empezaba a ser algo habitual en él.
No sabía ya que inocente excusa poner para evitar las preguntas incomodas y en las que él tenía que mentir.
Mientras sonaba "estadio azteca", de Calamaro, su mente se iba muy muy lejos del sitio donde se encontraba. Ya daba igual cuantos abrazos le dieran en un solo día, no le sabían a nada, porque iban sin sazonar. Iban obligados, y que alguien "te quiera" por obligación, no iba con el.
Quería ser la prioridad de alguien, de alguien que le quisiera simplemente por quien era. Que olvidara el físico (que va y viene), que no fuera de persona madura cuando después demostraba a los dos minutos que era una persona muy infantil, que no fuera egoista...
Podía parecer una estupidez,para la sociedad,  pero Andres solo quería sentirse amado y amar de verdad.

Cuentos de hadas

La cuestión es que es difícil dejar que los cuentos de hadas desaparezcan; a casi todo el mundo le queda una mínima esperanza de que un día abrirá los ojos y verá que se han hecho realidad. Cuando el día llega a su fin, la fe es un misterio, aparece cuando menos te lo esperas. Es como si un día te dieras cuenta de que los cuentos no son exactamente como habías soñado. El castillo, puede que no sea un castillo; no es tan importante eso de ser felices para siempre, basta con ser felices en el momento. A veces, muy de vez en cuando, la gente puede darte una grata sorpresa; de vez en cuando, la gente te deja sin respiración...

10 sept. 2017

La primavera viene

Por qué no habrá un punto limpio al que llevar los recuerdos?O un vertedero de historias que queremos desechar?Por qué no habrá un contenedor para tirar los miedos?
Donde se reciclan los instantes de felicidad?
Porque deseamos con todas nuestras fuerzas cambiar el mundo, y  cuando tenemos ocasión de hacerlo no lo queremos cambiar?
Por que somos capaces de enamorarnos en un solo segundo
Y al segundo siguiente nos dedicamos a odiar?
Porque deseo hoy ahogarme en el perfume de tu cuello
Para desear nuevamente mañana despertar en soledad?
Porque siento envidia de las parejas que de la mano veo dar un paseo
Y llego a casa y siento fobia de volverme a enamorar?
Somos eternos otoños, que dejan caer sus hojas para volver a empezar,
Y maldecimos al frío cuando se acerca el invierno
La primavera viene para recordarnos que un día supimos amar
Y el verano abrasa nuestras almas para que se inicie nuevamente el cuento.

Aquel día, Andrés se había despertado antes de costumbre. Miró a su lado, y vio a su novia aún durmiendo. Lo primero que hizo, como ya era costumbre, fue coger el movil, se olvidó del beso de buenos días a su chica, ni un "buenos días princesa" (que realmente nunca se lo habia dicho). Todo eso quedó sustituido por el movil. María se despertó, miro a su chico y lo primero que vio fue el movil.
-Y así, empieza otro dia igual-, pensó para sus adentros.
Un "buenos días" sutil y seco fue lo que sacó a ambos de la cama. La sensación de estar en el aire cada vez se iba apagando más, pero claro, no eran ya unos adolescentes enamorados, ni mucho menos. Eran adultos, o eso creian ambos. Parece que la seriedad de la rutina había cedido ante el amor y el cariño que se supone que tenia que haber entre ambos.
Era duro verse así. María solo quería que aquel amor volviera a coger la fuerza y la magia del principio, resurgiera como un fenix de sus cenizas, y volvieran a volar juntos. Pero cuando es una cosa de dos, no vale que solo uno haga todo el esfuerzo.

1 sept. 2017

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que
parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... 
Ah, querida, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana
residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo 
espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara,destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los 
ojos como un bando de gorriones. 
Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por 
eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve. 
Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice 
las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me 
ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose. 
Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un
conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo 
sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas. 
Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal 
vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y 
propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. 

22 ago. 2017

Contigo todo, mas, mejor.

Sí.
Puedo pasar mil días sonriendo y contagiándote.
Puedo despertar comiéndote a besos y sin querer dejar de acariciarte.
Soy capaz de cambiar el color del cielo si no quieres que llueva hoy.
Puedo curarte el dolor respirando profundo, cantarte canciones en idiomas inventados, puedo cambiarle el sentido al giro del mundo o, si quieres, puedo llevarte a nuestra estrella cogido de la mano.
Puedo hacer que llueva desde el suelo o borrar para siempre el verbo llorar.
Puedo hacerte sitio en mis zapatos y enseñarte que todo en esta vida se puede navegar, no solo el mar. Podemos difuminar nuestro contorno y enredarnos, marcharnos de este mundo, regresar.
Podemos cruzarlo o atravesarlo entero hasta volver a encontrarnos; podemos decidir el  momento y el lugar.
Podemos todo.
O podemos ignorarlo. Echar la vista hacia otro lado.
Dejar que nada pase, cerrar la puerta; limitarnos a dejar rodar las piedras con la inercia.
Podemos cerrar los ojos, taparnos los oídos, cosernos la boca.
Podemos dejar que el agua nos erosione sin movernos, como rocas.
Pero no quiero.
No es lo que quiero.
Así que te miro, te hablo, te oigo, te siento.
Y tú, mírame y dime qué quieres.

Y si quieres… solo no me dejes dormir sola al otro extremo.

19 ago. 2017

Dime que sientes

Dime que sientes por favor.
Yo te miraré a los ojos y te diré cuánto te quiero.
Te sonreíre y luego te abrazare.
Susurrare a tu oído que he venido con el un corazón roto y dispuesto a curar tus heridas.
Abrázame por favor y mirame con tus ojos negros, atreves de ellos dime que aceptas el reto.
Dame la mano y crucemos el mundo por una eternidad, tú y yo juntos. Nada más.
Y si lloras a mitad de la noche, yo despertare y te besare.
Dime tus secretos, te escucharé pacientemente y jurare no contarle a nadie más.
Cuéntame anécdotas de tu pasado yo prometo reír o callar contigo.
Déjame acariciar tu mano, déjame entrelazar mi mano con la tuya. Déjame disfrutar de un acto tan interesante y sentimental.
Déjame ser feliz contigo, déjame estar junto a ti. 
Eres mi lugar favorito en este mundo y en todos los que existan.
Quiero decirte que envuelves mi mundo de ti, y te reflejas en el.
Quiero decirte tantas cosas, que no tendría fin nunca.
Quiero estar contigo, aquí, hoy, ahora; solo contigo.
Y espero empezar esta historia con pie derecho, susurrarle al viento cuanto por ti he esperado.
Un nuevo comienzo, algo incierto, algo eterno

15 jul. 2017

No te rindas

No te rindas. Aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
Mario Benedetti

2 jul. 2017

No lo ves?
No entiendo como no eres capaz de ver lo evidente.
No ves que intento hacerme la fuerte, la dura…
Intento ser fuerte, pero yo sola no puedo, te necesito para llevar esto adelante.
No sé qué pasa por tu mente últimamente, pero necesito que vuelvas

Que vuelvas conmigo, a luchar conmigo, a mostrar la misma cara y la misma ilusión que mostrabas al principio. Donde quedó todo aquello?
Creo que de nuevo, me toca hacerme la fuerte, diluir las lagrimas en alcohol, y disimular muy bien. y...así va pasando la vida. 


Y no me digas que siempre has sido así...porque eso no es cierto. Me enamoré de ti por algo...  

Aunque tu no lo sepas

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

20 jun. 2017

Cualquiera diría que los atardeceres calman la tristeza
y que las noches de estrellas; la vida.
Yo en cambio,
sé que tú calmas la tristeza,
y mi vida.
Que eres el atardecer
y la noche estrellada
que tanto anhelaba
ver toda mi vida.

13 jun. 2017

Busco un amor

Cuando solo buscas la felicidad. La posibilidad de ser feliz sentimentalmente, tener una estabilidad. Muchas personas sueñan con tener rollos por doquier…y otras, como yo, con encontrar nuestra media langosta y ser felices por siempre. Con nuestros más y nuestros menos. Con nuestras diferencias. Pero nosotros. Un nosotros que me llene, que me compense, que sean más risas que lágrimas, que le guste pasar el tiempo conmigo, y a mí con él. Deseando que llegue tiempo libre para poder pasarlo juntos, para disfrutarlo. Es lo que siempre he deseado, aparte de un trabajo que me guste y mil clases más de felicidad, pero, en el terreno emocional de pareja, es lo que siempre he deseado. No quiero más ligues. No quiero más el “le gustaré?” no quiero sentirme como una niña pequeña, con miedos e inseguridades. Quiero un amor de película, de esos que duran toda la vida, y de los que aunque se peleen, saben que siempre van a estar el uno para el otro. Que se hagan locuras por amor, y que los sentimientos manden. Quiero que sea él. Mi mister Big. Por favor, quiero que seas tú. No quiero a nadie más.

“Busco un amor. Un amor real. Ridículo, inconveniente, que me consuma, un amor de esos que te hacen pensar que no puedes vivir sin el otro”

Pregunta

¿Porqué las lágrimas son transparentes?
Por que el dolor es algo que no se ve.

7 jun. 2017


Mas tatuajes en el alma que en la piel

Dicen que escritores y poetas se alimentan de sus momentos más tristes, que es cuando están emocionalmente inspirados para escribir las líneas con las que consiguen transmitir parte de los sentimientos que experimentan a aquellos que lean sus palabras. Otros, aprovechan algún espejismo amoroso para condimentar sus frases y estructurarlas en un algo coherente y emocional. Hay quien tiene alguna musa —o muso— que es quien llena de tinta la pluma de quien escribe. También hay quien, sin experimentar tristeza o amor alguno, posee una imaginación infinita que le permite recrear mundos y personajes, tramas políticas, históricas o fantásticas, y embriagar con lo inimaginable al lector.
En cualquiera de los casos, debe haber algo. Algo que mueva las tripas del que escribe, esa energía interior que experimenta quien escribe y que se traduce en una imperiosa necesidad de expresarse, de mostrar lo que lleva dentro a quien sea que se acerque a sus páginas y se pare aunque sea por un instante a leerlas.
Cuando nada de eso existe, se experimenta un hecho que sería similar en forma y sensación al rugir de las tripas. Buscas en tu interior y no hay absolutamente nada. El vacío más absoluto, forjado a partir de haber ido soltando por el camino, trozo a trozo, todo aquello que en algún momento lo llenó. Pero necesitas que haya algo, así que buscas en las paredes más recónditas de ti mismo, raspando hasta en la esquina más oscura y profunda, produciéndose así el rugir mencionado. A veces, uno no se contenta con la búsqueda superficial y prueba a meterse él mismo dentro para ver si encuentra algo allí.
No hay nada. Silencio. Estoy en una habitación oscura, apagada. El silencio gobierna el lugar con un poderío que pareciera que estuviese gritando. Es imposible saber lo que hay alrededor, si parte de una casa o los elementos propios de un lugar abierto, ya que no hay ningún sonido o luz que lo identifique. Pareciera como si hubiese llegado muy temprano, antes de que empiece lo que sea que debiera empezar, o como si hubiese llegado demasiado tarde, mucho después de cuando tuvo sentido estar allí, si es que alguna vez lo tuvo. Es imposible saber cuánto tiempo ha transcurrido desde que allí hubo algo o cuánto tendrá que transcurrir para que vuelva a haberlo.
Mi mente se defiende repentinamente del inmenso vacío, que es incapaz de comprender, con destellos de voces e imágenes un tanto inconexas, que rasgan el silencio del lugar de una forma que casi duele. Algunas son felices, otras no lo son tanto, pero todas ellas parecen más reales que la nada que domina alrededor. A pesar de eso, cada vez es más difícil saber cuáles son reales y cuáles han sido soñadas o manipuladas por mi propia mente. Y aun así, siento que echo de menos algunas de ellas, aunque suenan tan lejanas —y cada vez más— que pronto serán poco menos que un espejismo.
Abro los ojos, cansada por la introspección realizada pero aliviado de volver a la realidad. Miro a mi alrededor, esta vez con mis ojos físicos, reales. Estoy en una habitación oscura, apagada. El silencio gobierna el lugar con un poderío que pareciera que estuviese gritando. Parece que lo que veía en mi interior no era más que el reflejo de lo que en realidad me rodeaba. La única luz que se vislumbra es la de la pantalla que tengo delante, con una hoja en blanco que cada vez está menos blanca y más llena de letras
Quizás es una necesidad física esta de escribir. Como si no hacerlo, nos causara algún tipo de dependencia, nos faltan las palabras fluyendo por nuestros dedos. 
Momentos de inspiración que van y vienen; momentos que sabes escribir de mil cosas, y momentos en los que, aunque no sepas exactamente que vas a escribir, las palabras van bailando hasta formar un texto coherente. Y es que puede que escribas para los demás. Por si alguien te lee. Pero realmente te da igual. Escribes por ti. Porque te resulta casi anestesiante. Como notas que vas tocando en un piano, y al juntarse entre ellas, van formando una bonita melodía. Y cada mañana, adopto palabras que se me quedan sueltas, que se han perdido en la catarsis de mi pensamiento. Pero vuelven a mi, como niños rebeldes que quieren escaparse, pero siempre vuelven al amparo de los brazos de sus padres. 
Y así, casi sin darte cuenta, las silabas se van juntando y van formando una estructura casi lógica, y tu ansiedad por escribir va cayendo, como caen los días unos tras otros. 




"Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas"